Isabella
Marcos acababa de salir de la oficina, me sonó el móvil, por lo que no mire el número pensando que era él.
-Hola-dije amablemente.
-Hola Isabela-dijo el- no sabia que era tu numero, pero vi que me llamaste.
-Si perdón no pretendía molestarte-dije tímidamente
-No tranquila no molestabas, pero me ha sorprendido porque nunca me imagine que pudieras ser tu.
-La verdad que fue un impulso-dije sinceramente-me venían a la cabeza imágenes del coche.
-Te acordaste de algo?-pregunto impaciente.
-Que va, solo las luces del coche echándose sobre nosotros, me gustaría saber quien es, esa maldita persona-dije con furia
-Yo no me acuerdo de nada de ese día excepto de las luces-dijo tranquilo-no te alteres no es bueno
-No puedo evitarlo Lucas, me quema por dentro el saber que por aquel accidente perdí lo que mas quería y mi vida con ello-dije mas tranquila-si no hubiera ocurrido nada ahora nosotros seguiríamos felizmente casados y nuestro pequeño Kevin junto a nosotros.
-Eso es cierto-su voz sonaba triste-pero ya no podemos hacer nada y el lamentarnos solo hace mas daño; hablando de Kevin hace mucho que no voy al cementerio a llevar sus dos rosas blancas.
-Es verdad, no he ido, con el trabajo no me dio tiempo acercarme-dije culpablemente-iré hoy, si quieres podemos quedar para ir juntos, seguro que nuestro pequeño se alegra de que vayamos a verle.
-Claro Isabella me encantaría-dijo alegremente-si quieres primero tomamos un café y luego vamos al cementerio.
-Perfecto Lucas, quedamos a las 16:00 en el bar “Ángeles sin cielo”, vale?-dije alegremente
-Claro a las 16:00 allí, hasta luego Isabella
-Hasta luego Lucas-colgué el móvil.
Lucas
Llego la hora de comer, comí en un pequeño restaurante al lado del buffet, el caso que me había tocado parecía sencillo, no me llevaría gran tiempo resolverlo o eso esperaba; eran las 15:30, estaba nervioso de volver a estar a solas con Isabella, todavía la quería, pero mejor tenerla como amiga que nada. Pague la comida y salí del restaurante dirigiéndome al bar donde aviamos quedado. Entre y allí estaba ella con una sonrisa en su cara. Me acerque hacia ella con paso tranquilo.
-Buenas tardes Isabella-dije amablemente-espero que no lleves mucho.
-Que va Lucas, acabo de llegar, sigues igual de puntual-dijo sonriendo-que quieres beber? un café solo con hielo y dos azucarillo o has cambiado?
Me quede atónito, no podía creer que se acordara todavía de cómo pedía el café.
-No he cambiado, si por favor, es increíble que todavía te acuerdes de cómo tomaba el café-dije con cara de sorpresa
-Como no voy acordarme si estuvimos casados 3 años y un noviazgo de 7 años-dijo con una sonrisa amistosa.
-Sí, tantos años juntos tiene sus ventajas-sonreí- y tu sigues bebiendo el café con leche templada y sacarina?
-Si-dijo sonriendo.
En todo el café estuvimos hablando y riéndonos sobre todo lo que habíamos pasado juntos. Pagamos y fuimos a la floristería a por las dos rosas blancas y nos dirigimos hacia el cementerio; pusimos las rosas en la tumba de nuestro pequeño y nos abrazamos llorando por el.
Estuvimos un rato abrazados y llorando, pero Isabella empezó a llorar con mas intensidad por lo que la abrace mas fuerte, se puso de puntillas y poso sus labios en los míos, la seguí el beso sin importarme ni el lugar ni el mundo entero, solo me importaba ella.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
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